miércoles, 25 de mayo de 2011

Discurso fúnebre (1971) [Réquiem para un amigo]






Hoy en la mañana falleció mi querido amigo Bruno, un hermoso basset hound de cuatro meses. Durante el tiempo que estuvo conmigo, casi el mismo de su corta existencia, tuvo una vida feliz de perro. Fue un compañero de una nobleza indescriptible, carismático y juguetón.

Tenía pensado compartir toda una etapa de mi vida con él, imaginaba que moriría de viejo en mis brazos, después de muchas aventuras juntos. Desde hace cuatro días estuvo hospitalizado por un problema de diarrea y vómito. A pesar de que tenía todo su cuadro de vacunas, se infectó con el virus de moquillo. Ayer lo vi por última vez, en el horario de visita, pasamos dos horas increíbles, en dónde él me contaba de su dolor y yo de mi tristeza. Me senté en el pisto y él se subió a mi lecho acurrucándose. Le dije que lo quería mucho, que era mi amigo y que estaría con él hasta el final. Después de mi visita se animo y trató de comer, parecía que se animaba, pero pasó su última noche con vómitos y diarrea, y decidió echarse a dormir, para tener una muerte tranquila.

En el tiempo que estuvo conmigo le pasó de todo. Tuvo muchos amigos (los niños lo paraban en la calle para tomarse fotos con él) y algunos enemigos (como mi vecina de abajo). Lo llevé a mi pueblo varias veces, donde le picó una abeja, se cayó a un río y correteó con otros perros. Nunca olvidaré la vez que me quedé dormido un par de horas, debajo de un árbol en el campo, y él permaneció a mi lado cuidándome.

Hoy mi corazón está triste y llora por su partida. Me quedó con muchas enseñanzas que me dejó, la más importante el reconocer que la convivencia con otros seres vivos es la mejor forma de recuperar el respeto por la naturaleza.

Yo pensaba que la vida me había hecho más duro, después de pasar dos meses en terapia intensiva con Elsa, y de la muerte de mi abuelo José, sin embargo, la partida de mi amigo Bruno me demuestra que para estos asuntos no he crecido mucho todavía.

Adiós chaparro, te recordaré siempre. Desde ahora vives en mi corazón.



Discurso fúnebre (1971)

Ayer mataron a un lobo
en la puerta de mi casa
con la cabeza vencida
sobre la acera, soñaba.
Observaba la bodega
donde peleaba y dormía,
con la pupila vidriosa
miraba pasar el día,
y los niños de su mundo
hablaban en voz muy baja
de su mirada.

Para el resto de la tierra
allí había un perro muerto,
un perro que en unas horas
estaría descompuesto.
Había que limpiar la acera
de aquella mancha oscura
—para el resto de la tierra
un perro muerto es basura—.
Pero los niños jugaban
y volvían a su lado,
siempre callados.

Lobo, yo sí te recuerdo echado al camino
con el sol curándote el lomo deshecho
de andar a la noche batallando con tus enemigos.

Lobo, yo sí te recuerdo. Yo también sabía
dónde, cómo y cuándo dormías tu sueño.
Para esos asuntos no he crecido mucho todavía.

Cómo no iba a recordarte, si estás ahí desde mi niñez,
en un paisaje diferente pero igual,
si a todos nos pasó una vez.

Cómo no iba a recordarte, si tu misterio es más feliz
que muchas cosas que tenemos que contar
a costa de una cicatriz,

como de un hierro caliente que deja la memoria ardiente,
sin la nobleza de tu muerte y sin un verso con más suerte
que no sea la de maldecir.

6 comentarios:

  1. Yo también te quiero mucho, y gracias por quererlo tanto al Bruno.

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  2. Animo Carnal, el Bruno se queda para siempre. un Abrazo. le conte a Luna y lloro.

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  3. Los quiero mucho a ambos!!!y cuando vi a Bruno una noche que charlamos con Elsa, me gano el corazon...Yo tambien lo llore...
    un abrazo Irving y Elsa...

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  4. Hola Adriana, gracias por tu comentario. Ahora el Bruno ya descansa en nuestro corazones.
    Espero que estés muy bien.
    Abrazos.

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